Soy Una Madre SOS

Ser una madre social es, para mí, más que un trabajo; es compartir mi cariño y mis días con niños y niñas a quienes he aprendido a querer como si fueran mis propios hijos. Pido a Dios que me ayude en esta hermosa etapa de mi vida que me ha tocado vivir al lado de estos niños traviesos, inquietos pero, sobre todo, pequeños seres humanos que necesitan de la mano afectuosa de una madre en el seno de una verdadera familia.

Mi nombre es María y soy madre SOS desde hace cinco años. Lo que estoy viviendo es tan particular que me gustaría compartirlo con todos ustedes.

Mi ingreso a Aldeas Infantiles SOS se dio a comienzos del 2000. Comencé asistiendo a cursos de capacitación para "tías SOS" durante varios meses y luego pasé a trabajar como "tía" por un año, colaborando en los quehaceres de las diferentes casas de la aldea.

Después de varios meses en la aldea, un día me toco reemplazar a la mamá de una de las casas. En esa familia había un niño recién nacido, para mí, la prueba de fuego. ¡Qué experiencia! Es algo que nunca voy a olvidar.

El primer día de reemplazo saqué a pasear al niño. Todo andaba muy bien; pero al regreso, en la noche, el bebé no dejaba de llorar. Lloraba y lloraba sin causa aparente. Le di su lechecita, le cambie sus pañales, le tome la temperatura, y nada: el bebe no dejaba de llorar. De pronto, mi impotencia hizo que yo también me ponga a llorar con el bebé. En ese momento, traté de recordar qué se hace en esos casos, pero los nervios no me dejaban pensar con claridad.

Entonces opté por pedir ayuda. Llamé a mamás de otras casas y pronto aparecieron dos mamás y un colaborador SOS. Una de ellas me abrazó y me dijo que no me preocupara, mientras la otra mamá le daba al bebé una cucharadita de una infusión y, en un par de minutos, el bebé dejó de llorar. Increíble pero cierto, el conocimiento de estas mamas me hizo pensar que tenía mucho por aprender.

Así pasaron días y meses mientras iba aprendiendo más y más sobre el cuidado de niños, hasta que un día me propusieron hacerme cargo de una familia como mamá SOS. Para entonces, ya tenía cierta experiencia ganada, pero aún tenía miedo de asumir tanta responsabilidad. Al final, sin embargo, mi respuesta fue un "sí", y desde entonces soy una mama SOS.

Lo demás es ya parte de la vida misma en familia: levantarse temprano para preparar el desayuno de los niños y niñas, ordenar la casa, preparar el almuerzo, poner la mesa, velar por sus quehaceres de la escuela, y otras cosas más.

Por otro lado, sin embargo, también nos damos el suficiente tiempo para pasar lindos momentos en la calidez del hogar: jugando, conversando, riendo, o realizando alguna actividad recreativa, ya sea fuera o dentro de la aldea. Son tan ocurrentes mis hijos que siempre tienen algo que contar. Son adorables, pues nunca me falta un beso en la mejilla de alguno de ellos durante los días del año. Este amor es tan particular que de pronto olvido todo el trajín que significa cuidarlos día tras día. Esa soy yo, una madre SOS de una de las tantas Aldeas Infantiles SOS en todo el mundo.


    
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